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domingo, 1 de febrero de 2015

¿Hacia dónde deben ir políticas españolas de inmigración?



¿Hacia dónde deben ir políticas españolas de inmigración?


Introducción

Somos testigos una vez más al eterno debate sobre las políticas migratorias, que se recrudece de manera especial en períodos electorales siendo utilizado como arma arrojadiza entre partidos políticos de distinto signo, en función de la dureza o laxitud de las medidas propuestas. Conviene no olvidar que los movimientos migratorios son fenómenos sociales complejos que producen efectos a largo plazo y esto va mucho más lejos que el acalorado debate político del momento o una reforma puntual de esta ley o aquel reglamento. La primera preocupación de los poderes públicos debería ser la de construir un sistema jurídico que permita el desarrollo normal de éstos movimientos migratorios dentro del marco del respeto a las leyes, la Constitución y los tratados internacionales. En definitiva, esto no es otra cosa que marcar unos objetivos en política migratoria y una vez establecidos éstos, elaborar las normas tendentes a la consecución de dichos objetivos por lo que las normas no tienen otro carácter que el instrumental. Con ello, obtendríamos todo un sistema normativo sólido y coherente; alejado de los vaivenes políticos que producen normas sucesivas incluso de sentido opuesto o que responda a las polémicas de cada momento.






Panorama actual

La política actual de inmigración española, al igual que las de su entorno más cercano, es una política de marcado carácter restrictivo. Más que una política de inmigración, parece diseñada para poner trabas a la llegada de extranjeros a nuestro país. Hay que tener en cuenta que la normativa actual, es en gran medida tributaria de las leyes migratorias que fueron dictadas en pleno auge de la llegada de extranjeros a España al calor de la prosperidad económica.

Hay que decir que éstas normas impiden prácticamente en la totalidad de los casos, la llegada de inmigrantes a nuestro país por los cauces legales. Las consecuencias de esto son las entradas irregulares por vía marítima, saltando las vallas de Ceuta y Melilla o prolongando las estancias turísticas más allá de lo autorizado. De igual manera, esto produce que el volumen de personas inmigrantes que trabajan en la economía sumergida sea elevado y al mismo tiempo la “bolsa” de irregularidad crezca cada vez más y más.


Cambio de paradigma

Hoy la situación es muy distinta a la descrita anteriormente. Volvemos a ser un país de emigración. En el año 2013, según el INE salieron del país cerca de medio millón de personas siendo su gran mayoría extranjeros y a partir del año 2012, el saldo migratorio es negativo, lo que quiere decir que se marchan más personas que las que vienen. En este contexto, a mi juicio no tiene mucho sentido mantener esta política tan restrictiva en aras de “protegernos” frente a una pretendida invasión de inmigrantes que vienen desde el África subsahariana. Nos encontramos en el momento idóneo para afrontar la tarea de crear un verdadero sistema de gestión de los movimientos migratorios y, sobre todo, de consolidación y ampliación de los derechos de los migrantes. Más ahora, si tenemos en cuenta que muchos compatriotas que se ven obligados a buscar un futuro mejor lejos de nuestras fronteras, sufren el día a día, las vicisitudes y determinadas lagunas jurídicas que conlleva la condición de migrante. Debemos trabajar en la doble dirección de reconocimiento de derechos para todos los migrantes: tanto los de aquí que se marchan fuera, como los extranjeros que vienen a España, ya sea con carácter definitivo o en tránsito. Al hilo de este punto, es pertinente recordar que existe una Convención internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares, que por cierto, no ha sido ratificada por España ni por ningún otro país del entorno europeo.

Retomando el hilo, éste sistema migratorio que necesita España debería ser capaz de responder a los siguientes retos:


1. Entrada y visados: Toda la política de entrada y visados debe reorientarse y caminar hacia un régimen que introduzca mecanismos ágiles de tramitación y obtención del visado, facilitar el acceso a las dependencias consulares, ofrecer información sobre los diferentes trámites y requisitos y responder a las nuevas necesidades de nuestro tiempo: visados de mayor duración, de entradas múltiples, viajes de urgencia, etc. Lo que no es de recibo es que nuestras oficinas diplomáticas funcionen con sistemas informáticos del S.XXI, normas y procedimientos del S.XX y personal que pareciera haber sido formado en el S.XIX. ¿Quién no ha tenido alguna mala experiencia con un trámite consular?


2. Lucha contra la explotación laboral: Aun hoy en día, el colectivo inmigrante se convierte en un objetivo fácil de empresarios sin escrúpulos quienes, sirviéndose muchas veces de unas condiciones de mayor vulnerabilidad o de necesidad, contratan trabajadores migrantes en situación irregular y en condiciones precarias. Se revela necesario articular mecanismos para prevenir este tipo de situaciones; bien reforzando la acción inspectora y sancionadora, bien introduciendo procedimientos de arraigo laboral efectivos, que permitan la regularización del inmigrante que recordemos es una víctima y no un infractor, ya de por sí integrado laboralmente en nuestra sociedad. El sistema actual de arraigo laboral no funciona ya que las condiciones a cumplir por parte del inmigrante lo hacen prácticamente inviable. En este sentido, acreditar una relación laboral de 6 meses debería ser más que suficiente para acceder a esta vía de regularización.


3. Posicionamiento frente a las expulsiones: si bien es cierto que la norma debe servir a las necesidades de todas aquellas personas que deseen venir a España y facilitar el viaje de forma regular en un plazo razonable, al mismo tiempo, la consecuencia de infringir la norma debe terminar en la expulsión del país. En todo caso, un sistema migratorio respetuoso con los tratados internacionales debe terminar con el vergonzoso sistema de internamientos en los CIEs y ofrecer alternativas menos restrictivas de derechos como la retirada del pasaporte o la presentación periódica en instancias oficiales. Las medidas coercitivas deberían ser las últimas a tomar.


4. Prevenir la irregularidad: un sistema migratorio coherente y equitativo debe dotarse de mecanismos de cierre del sistema que en última instancia, impidan situaciones de irregularidad sobrevenida por circunstancias extraordinarias. Son múltiples las vicisitudes que pueden surgir en la vida del migrante y que dificulten la normal renovación de sus permisos: razones humanitarias, médicas, etc. Del mismo modo, debe existir un mecanismo de cierre que finalmente permita la regularización por el transcurso del tiempo, ante la incapacidad de la administración de llevar a cabo la expulsión de un inmigrante. Parece que el plazo de 5 años para acceder al arraigo es más que razonable.


5. Acceso a la Nacionalidad: es la máxima expresión de la integración de los inmigrantes en un país. En este sentido, debe tenderse a la unificación de criterios en lo referente a pruebas de integración. No me termina de quedar clara la existencia de un procedimiento discrecional de concesión de nacionalidad por carta de naturaleza. Parece más bien una reminiscencia del pasado, otorgar al gobierno de turno la facultad de conceder la nacionalidad de manera discrecional, saltándose las reglas del juego. Tal vez podría arbitrarse un sistema preferente de acceso a la nacionalidad por una serie de méritos tasados y regulados por la ley. Otra opción podría ser la de que esta facultad la otorgarse el Congreso y no el gobierno.


Conclusión

Como puede observarse, queda mucho camino por recorrer pero como decía anteriormente, nos encontramos en un buen momento para operar el cambio de orientación que las políticas migratorias requieren. Es aconsejable así mismo vincular la inmigración y la emigración dentro del mismo orden de políticas ya que son, en definitiva, dos caras de la misma moneda y comparten muchos puntos de conexión, sobre todo en lo referente a derechos de los migrantes.

De igual manera, debe abandonarse la concepción de la inmigración como una cuestión de orden público y como ya dije en otra entrada de este blog, el grueso de las competencias en inmigración deben trasladarse desde el Ministerio del Interior hasta la futura Agencia de Inmigración y Emigración que debería crearse como máximo órgano regulador e impulsor de la gestión de flujos migratorios.



lunes, 29 de diciembre de 2014

El tramposo debate de las Migraciones

trabajadores migrantes
Trabajadores migrantes en California,1935
Nos hemos equivocado casi todos: expertos, activistas, estudiosos de la materia... El gobierno nos ha tendido una trampa perfectamente urdida y hemos caído ingenuamente. No es en ningún caso inocente que el debate de las migraciones se plantee siempre en términos de entradas irregulares por la Frontera Sur, a sabiendas de que ésta es prácticamente anecdótica en el cómputo global, y lo cierto es que caemos una y otra vez en el mismo anzuelo. Lo cierto es que en España se ha invertido la tendencia en lo que a movimientos migratorios se refiere y volvemos a ser un país de emigración y además, y lo que es más preocupante, perdemos población en términos absolutos, como puede observarse en esta estupenda infografía sobre la España migrante del diario Huffington Post. Por mi parte, no seré yo quien alimente este debate y resulta igualmente muy ilustrativo el siguiente artículo de opinión en El País, del profesor Diego Acosta Arcarazo (fruto de una conversación con él nacen algunas de las ideas expresadas en este artículo) sobre Mitos de las políticas de inmigración (leído en el diario El País, pero no os puedo referir el enlace directo por aquello del canon AEDE..., ellos se lo pierden).

Entonces ¿Qué deberíamos seguir preocupándonos de las migraciones? En este sentido, conviene tener muy en cuenta que debido a nuestra posición geográfica, si bien ya hemos dejado de ser un país atractivo para los ciudadanos extranjeros, somos un importante punto de tránsito tanto en las rutas migratorias que vienen desde el África Occidental y el Magreb como en aquellas que vienen desde el continente americano, generalmente con destino al centro y norte de Europa. Tampoco conviene perder de vista que, según fuentes del Ine, a principios de este año que está a punto de finalizar, residían en España más de 4 millones y medio de extranjeros de nacionalidades diversas siendo las principales Rumanía, Marruecos, Reino Unido y Ecuador. ¡Oh! ¡Sorpresa! En ese ranking de las primeras 12 nacionalidades, el único país africano que figura es Marruecos, país vecino, por lo que parece que estamos a salvo de la tan temida "invasión subsahariana" que al ministerio del Interior le preocupa tanto. Por ello, debemos preocuparnos por esos 4 millones de extranjeros y vecinos que viven entre nosotros y que sufren del mismo modo las consecuencias de esta profunda crisis políticas y social por la que estamos pasando. Las políticas públicas deberían orientarse hacia una mejor integración de una población extranjera de larga trayectoria entre nosotros y no conviene perder de vista que el próximo 2015 se cumplen 10 años desde el último proceso de regularización que tuvo lugar en España y por lo tanto, muchos vecinos extranjeros estarán en disposición de solicitar la nacionalidad española por residencia, si es que no lo hicieron ya al haber podido beneficiarse de alguno de los plazos más favorables que contempla la normativa.

Como estamos en época de cierre de año, no quería desaprovechar esta entrada sin formular algunos deseos para el año que viene y así, de paso, desmentir esa falta de propuestas que se nos achaca a los que trabajamos en esta materia. Estos son mis 10 deseos para la política migratoria que me gustaría ver en mi país:

1. Creación de una entidad especializada dentro de la Administración, claramente diferenciada y desvinculada del Ministerio de Interior,  para gestionar los flujos migratorios en forma de Agencia Estatal de Inmigración y Emigración.

2. Una política de fronteras sensata, coherente y en lo que respecta al control de la inmigración irregular; en la que se apliquen medidas proporcionadas que en todo caso, sean garantistas y respetuosas con los derechos humanos, con especial atención a los derechos a la vida, integridad física y derecho de asilo.

3. Replantear toda la política de visados y servicios consulares, dentro de los márgenes que permita la normativa comunitaria, de cara a establecer mecanismos ágiles y eficaces que permitan desde el acceso a las propias oficinas consulares así como la obtención final del visado, labor casi imposible en la actualidad en algunos países, y adaptación de la tipología de visados a la realidad del mundo actual: estancias de mayor duración, viajes de urgencia, entradas múltiples...

4. Reformular la actual legislación de extranjería y caminar hacia un verdadero estatuto del migrante. A este respecto, existen instrumentos internacionales interesantes como la Convención internacional sobre la protección de los derechos de los trabajadores migratorios y sus familiares, no obstante suscrita principalmente por países "emisores" de emigrantes. En este sentido, hay que tener en cuenta que España comienza de nuevo a ser un país de emigración y trabajar en la profundización de dicho estatuto, nos legitima a la hora de luchar por la mejora de las condiciones de vida de nuestros compatriotas en el extranjero.

5. Avanzar en la integración de los migrantes en todos los aspectos de la vida pública, lo cual camina íntimamente ligado a la idea de una mayor presencia y visibilidad de inmigrantes en la sociedad civil: derecho de voto, ámbito asociativo, acceso a la nacionalidad, medios de comunicación, etc. Igualmente, se requiere una mayor esfuerzo y trabajo en el ámbito local y a nivel de barrios por parte de las administraciones públicas.

6. Modernización y agilización de la gestión de los diferentes permisos y autorizaciones que precisa un extranjero en nuestro país. Aunque se han dado importantes avances en esta línea, es importante seguir trabajando en el sentido de eliminar trámites innecesarios, duplicidades, etc., tendiendo a la creación de un portal web único en diferentes idiomas y completamente accesible.

7. Fin del actual modelo de internamiento en CIES: no hay que olvidar que las detenciones e internamientos son medidas extremas, tal y como se configuran en la normativa comunitaria y éstas pueden ser sustituidas por otro tipo de medidas menos limitativas de derechos y que serían aplicadas de manera gradual.   

8. Creación de una red pública de Centros de Migraciones, ya contemplada en la normativa actual, que sirva para atender situaciones de vulnerabilidad, casos de retorno voluntario, situaciones de afluencia masiva, etc.

9. Configurar un sistema de autorizaciones o permisos que tienda a evitar las situaciones de irregularidad sobrevenida y, en todo caso, que disponga de mecanismos que permitan la regularización del ciudadano extranjero bien por el transcurso del tiempo, bien por el cumplimiento de determinados requisitos.

10. Aprovechar de manera más racional el caŕacter circular de los flujos migratorios y esto implica, en estos momentos en que muchos compatriotas se ven abocados a emigrar en busca de un futuro mejor, la firma de acuerdos de supresión de permisos de residencia/trabajo para los nacionales de ambos países, lo cual tendría importantes ventajas para los ciudadanos de ambos países.

lunes, 22 de diciembre de 2014

¿Por qué necesitamos una Agencia de Migraciones en España?

Fuente: Morgue File

Todavía tenemos reciente el #18D, el Día Internacional del Migrante, y no cesa el debate sobre las devoluciones en caliente en las fronteras de Ceuta y Melilla o cuestionando la existencia de los denominados "vuelos de la verguenza", por no hablar, más allá de nuestras fronteras,  de las polémicas movilizaciones islamófobas en Alemania del movimiento "Pegida". El debate migratorio está de plena de actualidad y aunque haya pasado de ser la 4ª o 5ª preocupación de los ciudadanos, la inmigración es esa incómoda cuestión que nadie quiere lanzar en campaña electoral, porque ciertamente resta votos, pero que está ahí en la primera línea de las decisiones públicas. Hace poco escuchamos a nuestro ministro del Interior decir, en referencia a las críticas hacia su política de "devoluciones en caliente" que si alguien se comprometía a sostener económicamente a esos inmigrantes subsaharianos que saltan la valla, que les diera su dirección que él se los enviaba. Fenomenal ha sido la respuesta de la periodista y escritora Mercé Rivas en su artículo de El Plural ¡Fernández, en marcha un subsahariano!  Lo que quiero decir, en definitiva es que estas declaraciones, al margen de su improcedencia y falta de sensibilidad, reflejan realmente una total falta de proyecto político migratorio que y se resuelve con una visión simplista y policial del problema.   

Señor Fernández, un Ministro al frente de un negociado tan importante como es el de gestionar los flujos migratorios no puede permitirse el lujo de decir que recurre a unas "devoluciones" de dudosa legalidad ya que no sabría cómo gestionar lo contrario. Es por ello, que desde hace tiempo es ya todo un clamor la necesidad de definir unas políticas migratorias claras y bien definidas y que traten de dar soluciones a los desafíos más importantes que se plantean ya que, mirar hacia otro lado, como se ha hecho hasta el momento, no se revela como una buena estrategia. En este sentido, el programa colaborativo presentado por Podemos a las pasadas elecciones europeas ha supuesto un atisbo de ilusión que esperemos no se vea edulcorado con el paso del tiempo, a la vez que se consolida esta fuerza política.  

Se necesita un giro sustancial en las políticas migratorias seguidas hasta el momento, generalmente subordinadas a las necesidades del mercado de trabajo pero ignorando las problemáticas que se presentan en todas las etapas por las que pasa el migrante desde que llega hasta que se consolida en este país. En este sentido, quiero plantear una cuestión organizativa que en ningún caso es secundaria, más bien se erige en pieza clave y punto de partida y catalizador para generar ese cambio sustancial de enfoque que se requiere. Me estoy refiriendo a la creación de una Agencia Estatal de Inmigración y Emigración.

La creación de esta Agencia, supondría la superación de las visiones policiales y de seguridad de las migraciones, al tiempo que se opta por un enfoque unitario y especializado en la gestión del fenómeno. La creación de esta Agencia es una vieja aspiración de determinados sectores y colectivos de nuestra sociedad y se justifica en 3 sencillos puntos:

1. Se trata de una fórmula organizativa de descentralización funcional, que permite un amplio nivel de autonomía y flexibilidad en la gestión, al mismo tiempo que refuerza los mecanismos de control de eficacia y responsabilización de resultados, lo que permite emprender una reforma integral del sistema migratorio. 

2. Supone el paso definitivo para resolver la cuestión de una gestión unitaria y por un ente especializado del fenómeno. Actualmente, el número de agentes estatales implicados, con muy diferentes aproximaciones y respuestas al mismo, dificultan una coordinación eficaz de éstas políticas. La Nueva Agencia asumiría las competencias hoy en día repartidas entre los ministerios de Interior; autorizaciones de residencia, documentación, etc., Empleo y Seguridad Social; integración, autorizaciones laborales, etc., Exteriores y Cooperación; visados, etc. Y esto sólo referente al escalón estatal de las administraciones, sin mencionar las competencias que además tienen las autonomías y ayuntamientos en el ámbito de la Integración , prestación de determinados servicios a inmigrantes... Esta Agencia Estatal aseguraría una clara uniformidad de criterios y procedimientos.

3. No implica grandes cambios legales a priori ya que encuentra su perfecta cobertura legal en la Ley 28/2006, de 18 de julio, de Agencias Estatales. Además, su Disposición Adicional Tercera dispone la autorización expresa al gobierno de turno para su creación.


Por ello, en la normativa actual existen mecanismos que permiten obrar un giro y abrir un nuevo capítulo en las políticas migratorias de este país. Tan sólo hace falta decisión y valentía para acometer esta tarea.